en

Este blog

Sindicación

Actualidad

De las distintas maneras de ver las botellas.

De las distintas maneras de ver las botellas.

El Atleti debió ganar en Huelva pero no lo hizo. Tuvo ocasiones para hacerlo pero no lo hizo. Como resultado pudo perder el tercer puesto de la clasificación pero no lo hizo. Cada uno, claro, tendrá una forma de ver las cosas.

Foto: as.com Foto: as.com
___

El Atleti jugó en Huelva pero no lo hizo Antonio López, quien se volvió a Madrid nada más llegar por el fallecimiento de su hermana. Antonio López y su familia lo estarán pasando mal mientras nosotros leemos estas líneas y nos gustaría que supieran que cuentan con nuestro apoyo y nuestro cariño, y si esto sirviera aunque sólo fuera un poquito para aliviarles el momento nos daríamos con un canto en los dientes.

Antonio López llevaba ausente una temporada y todos nos preguntábamos qué le pasaba, porque los del Atleti (y también los de Alicante y los del Osasuna y muchos niños en algún lugar de Nicaragua) queremos que a Antonio López le vaya lo mejor posible. Antonio López es el único canterano que queda en este Club de Madrid en el que no juega nadie de Madrid, y eso le hace aún más especial a ojos de la afición. Antonio López en forma es un jugadorazo que nos hace sentirnos orgullosos. Pero Antonio López pasando un mal rato es uno de los nuestros pasando un mal rato, lo que nos hace sentirnos inútiles por no poder echarle un cable. Pocas cosas se le ocurren a uno peor que lo que le ha pasado a Antonio López, y por tanto pocas cosas que decir se le ocurren a uno más que ánimo y que aquí estamos, por si eso ayuda.

La afición del Atleti, esa con la que el que suscribe se mete por ñoña y por poco protestona y por ser de ola fácil, recibirá pronto a Antonio López como se merece, porque en eso es una afición que quita el hipo. Cuando vuelva Antonio López a jugar al Calderón, que será pronto y bien, se llevará una ovación de esas que a uno le hace sentirse orgulloso de compartir grada con gente con la que discute por todo. Una ovación como la que se llevó Donato cuando pasó por un trámite similar, jugando un partido justo antes de volar hacia Brasil. Una ovación de esas que sólo da el Calderón y que se oye en todos los rincones de Madrid y parte del universo conocido. Vds ya saben de qué estoy hablando, ¿a que sí?
___

Los que sigan estos artículos tan largos y tan pedantes esperarán hoy una crónica demoledora que cargue contra un equipo que debió ganar un partido importante que pudo ganar en más de una ocasión, pero que acabó empatando. Esperarán las opiniones de un señor enfadadísimo, crítico con la planificación deportiva, con la dirección financiera del Club y con el fichaje de Eller y con el fichaje de Cléber y con el fichaje de Eller, sí, de nuevo, porque el fichaje de Eller enfada el doble. El doble, sí, qué pasa.

Se recostarán en su butaca prestos a leer a ese tipo pesimista y escéptico decir por enésima vez que Reyes es un caso sin solución, que Pernía es un peligro público, que Pablo está mejor pero que debería aportar aún más y hasta que Abbiati tiene cara de carcelero medieval de esos que llevan un hacha grandísima de dos hojas. También buscarán, claro, un tirón de orejas a Aguirre por quitar al Kun, por renunciar a ganar, por conformarse con metas menores y por haber transmitido esa mentalidad chiquitaja, esa moral de colibrí a sus jugadores. El lector se incorporará un poco cada vez que vea que tiene por delante otro párrafo larguísimo, compacto y plúmbeo como un pudding de esos que comen los ingleses en navidad que si se le caen a uno en un pie se lo sepultan, párrafos de esos que hay que subir con piolet y dos litros de agua. Y en ese párrafo áspero e interminable de Tierra de Campos se esperará la descripción de un equipo que son dos, los de delante y los de detrás, el primero formado por jugadores de calidad, imaginación, trabajo y toque, el segundo formado por retales que demuestran que este año se decidió no tocar de defensa y ahora se ven las carencias, como en esas casas que se reforman habitación por habitación en las que coexisten una cocina de diseño con un baño alicatado con azulejos que parecen sacados de una película de Saza. Se esperarán la crónica de alguien que lamentará las ocasiones falladas por Agüero y por Reyes, sobre todo la segunda del primero a pesar de ser más irritante la única del segundo, fíjense Vds qué jueguecito de palabras les tenía preparado justo aquí, en este recoveco del párrafo, cuando ya no se lo esperaban. Ahora que ya han vuelto atrás para ver qué coño había querido decir y ya les ha quedado claro que al que suscribe le irritó especialmente que Agüero fallara un gol por intentar una vaselinita de nuevo en mal momento y aún más le irritó que Reyes fallara un gol por ser Reyes y ya está, sigo.

Esperarán, decía, leer la opinión siempre negruzca de quien no valora el movimiento de balón de Maxi en el penalti que no le pitaron, sino su torpeza o su inoportunidad o hasta su indecencia al dejarse caer ante un portero. Esperarán una crítica feroz a Cléber Santana y calificativos burlones sobre su escasa aportación y su falta de carácter. Esperarán también que se disculpe a Simao pero que se le advierta de que seguimos con lupa sus movimientos y que esperamos más de él. Buscarán el momento del texto, que ya ha llegado por cierto, en el que se hable de Forlán para ver si este tipo cenizo que escribe ladrillos repletos de esdrújulas coincide al menos con la opinión del que se sienta en la silla delante del ordenador porque no es posible que ponga mal a Forlán, que ayer, como tantas veces ya, hizo un partidazo en el que, como tantas veces ya, es complicado encontrarle un fallo. Y esperará un nuevo tirón de orejas a Aguirre, al que quitó al Kun cuando quedaba buena parte del partido, al que invitó al Recre a adelantar las líneas los quince, veinte metros que el Kun te obliga a recular para evitar su arrancada explosiva, al que pudo formar un lío si Abbiati no hace una buena parada cuando quedaba poco tiempo. Esperará, en fin, un nuevo artículo enfadadísimo con tono de Agustín González haciendo de cura gruñón, otro más, una nueva dosis de acidez y crítica vitriólica, otra más.

Y no.

No, fíjense qué cosas. No es que a uno le gustara especialmente el Atleti. No es que no se desespere ya con las cesiones de pecho de Pernía, o con las tontunas de Reyes, o con las vaselinas de Agüero, o con los penaltis forzados, o con los arbitrajes malos o con los gritos excesivos e injustos, viendo lo que les pasa a otros, de las aficiones rivales. No. No es que uno crea que Cléber es la solución a todos nuestros males, o que Eller sea el central que necesitamos, o que Simao es el mejor en su puesto de toda la historia del fútbol, del balón prisionero y del balontiro, que creo que es lo mismo pero no recuerdo bien. No. No es eso.

Es otra cosa que no sé explicar bien, a ver si alguno llega y me saca de este mar de dudas. Es una sensación rara. Empezó a gestarse al tener la impresión de que el Atleti nunca iba a perder en Huelva, que es algo que otros años no tenía. Luego creció durante el partido, cuando tuve la sensación de que el Recre no iba a marcar bajo ningún concepto, que es algo que tampoco tenía hace tiempo. Acabó con la sensación de que, a pesar de que el empate era un mal resultado visto lo visto y visto el calendario y vista la clasificación, el puntito era un mal menor, un pequeño tropiezo asumible en una carrera de fondo en la que muchos de los equipos con los que estamos llamados a medirnos para meternos en Champions (Villarreal, Sevilla, Espanyol, hasta Valencia si me apuran, que estos no han dicho la última palabra) ya han cometido errores similares. En medio de esa sensación rara vi a un portero mejor del que indica el halo de portero cómico que le precedía, a un Pablo que vuelve por sus fueros aunque eche balones fuera que habría que jugar de otra manera, a un Cléber aseadito que cumplió hasta bien, aunque haciendo bueno a Maniche, quién me lo iba a decir. Vi también a un Maxi en su línea, esto es, incansable, listo, generoso e importantísimo, y a un Forlán casi perfecto, un tipo sin fallos, un tipo que es raro que haga algo sin criterio. Y a un Agüero algo ansioso pero intimidador como pocos jugadores en el mundo. Y hasta a los cambios les ví lógica, sí, hasta a los cambios, aunque al final salió al contrario de lo que mi desconocida razón indicaba. Y aunque me dio rabia que le gol de Forlán no fuera o que no entraran las de Agüero o la de Reyes o el tiro de Luís García, sí, a pesar de todo eso y no sé muy bien por qué, cuando el partido acabó no estaba uno con ese cabreo mítico de los domingos por la tarde.

Y créanme, esto me preocupa. He preguntado a mi médico de cabecera si es posible que, a estas alturas de la vida, haya perdido el escepticismo y hasta me haya hecho sereno y casi optimista. Y me ha dicho que eso no es posible en una personalidad como la mía, tan compleja para un tipo tan tonto. Así que sigo investigando pero algo me dice que, en el fondo, las cosas van cambiando un poco y volvemos a ver los colores del Atleti de siempre bajo la capa de roña de estos últimos años. A ver si es verdad.

Comentarios

Aún no ha hecho nadie ningún comentario. Escribe alguno y sé el primero :P

AVISO LEGAL - Esta web pertenece a la ASDH, sin relación directa alguna con la sociedad Club Atlético de Madrid SAD. El uso de cualquier marca propiedad de la última se hace de modo nominativo y en ningún caso con fines comerciales o de intento de confusión de marcas. Así mismo SDH no se responsabiliza de las opiniones de sus colaboradores, foristas, etc...

Ofrecido por Community Server (Non-Commercial Edition)